Conociendo a nuestra Comunidad Educativa – Sonia Ferrou

«La docencia es mi vida» dice Sonia, profesora de Biología de 6º año de Medicina, que en sus inicios en el liceo también fue docente de primer ciclo, encargada de disciplina, y acompañó en campamentos de fin de año. Hace 31 años que trabaja en IDAP.

 

Sonia es mamá de Gonzalo, Andrés, Raúl y Atilio, y abuela de siete nietos. Está casada desde 1972, y vive en el barrio Colón. En 1987 egresó del Instituto de Profesores Artigas (ipa), y al año siguiente comenzó a trabajar en el ciclo básico en idap. Empezó a interiorizarse en el Sistema Preventivo Salesiano con el que se sintió en sintonía. En la década de 1990 pasó al turno de la mañana como docente de segundo ciclo. Ahí tomó grupos de 5º año y poco después le ofrecieron 6º año. Al principio, extrañó la espontaneidad de los alumnos de primer ciclo. «Sentí el contraste con el segundo ciclo, pero con el paso de los años, la misma calidez que había ofrecido para el primer ciclo pasó a ser ofrecida al segundo ciclo», reflexiona, mientras nos cuenta. «Me sentí cómoda siempre con los estudiantes, podremos bromear, pero dos segundos después estamos en los que nos convoca a estar juntos en el liceo. Cuando hay que exigir se va a exigir», nos cuenta, comprometida con su tarea.

Las fiestas salesianas fueron para ella un descubrimiento. «La de la Comunidad fue la que más me marcó», dice. «Al igual que los alumnos, los profesores nos disfrazamos. Una vez, de inmigrantes, otra vez de diferentes personajes de películas». En una oportunidad representó a Drácula y en otra fabricó la armazón de alambre, a modo de burbuja, cuando hubo que representar Burbujas, aquella canción de la banda uruguaya La Vela Puerca. «Nos cuidábamos de que los alumnos no nos vieran las manos, nos cubríamos todo el cuerpo, igual nos reconocían…», dice entre risas.

En especial, la memoria le trajo una anécdota de la fiesta de la Comunidad, de cuando: «La fiesta comenzaba alrededor de las 20 hs y se extendía hasta las seis de la mañana siguiente. En una de esas fiestas el tema fue la selección de futbol. Los varones de 3º año decidieron representar a un equipo de futbol y al final de la presentación se quitaban las camisetas. Hasta ahí, todo un éxito (aclara), pero, uno de ellos decidió pasearse en ropa interior. Su recorrido fue desde el hall del liceo hasta la puerta del fondo. Y de pronto lo veo. ¿Qué hago, pensé?», cuenta entres sonrisas y preocupación. «Discreción, discreción (reflexiona). El asunto se solucionó por sí solo ya que eran muchísimos los adolescentes que estaban en el sitio, pensado como pasarela, porque ya iniciaba la representación del grupo siguiente. Tuvo su momento de gloria, pero sin público, ja, ja, ja.»

Así ven a Sonia algunas compañeras de IDAP:

Susy, nuestra portera de la mañana, nos cuenta: «Qué decir de esta gran compañera, tantos años compartidos, cuántas madrugadas, fiel a su trabajo, y muy comprometida con sus alumnos. Ella está siempre atenta a tener todo, para dar lo mejor de sí. Antes de vacaciones deja todo adelantado, organiza hasta la comida de los peces y cuida de las ranitas. Una gran compañera, amiga, y gran docente».

Mónica Boni, animadora de curso de 4° año y su madrina de Confirmación, dice que Sonia es una: «Gran mujer, profesional en lo que hace, excelente madre  y esposa. Con Sonia empezamos a ser compañeras…,  ¡puff,  hace mucho!,  ja, ja, ja. Nunca le gusta que diga su edad y esto puede delatarla, ja, ja, ja…

Estrechamos nuestro vínculo cuando ella empezó a ser encargada de turno, bueno en realidad al principio era encargada de disciplina, una tarea que siempre me dio gracia, porque Sonia no tiene ese perfil. Así comenzó a profundizarse nuestro vínculo. Muchas tardes, yo salía de Catequesis o de Confirmación y le contaba, en la sala de animadores, algunas anécdotas. Ella tenía tantas preguntas y le sobraba fe. Así que, algunas charlas se convertían en una catequesis. Recuerdo uno de esos tantos días en que Sonia me planteó que iba averiguar si estaba confirmada, y quería saber dónde se podía preparar, si en caso no lo estuviera. Como no se había confirmado, le dije que fuera a la parroquia. Así que ahí se preparó, estaba feliz. Charlábamos sobre su preparación, dudas y demás y así fue creciendo también nuestra amistad. Recuerdo un momento que para mí fue muy emocionante, en unos de esos días me dice que tiene que hablar seriamente conmigo. Me llamó la atención. Y me dice: “Moni, quiero que seas mi madrina”. ¡Qué emoción, se me cayeron las lágrimas; qué honor, qué responsabilidad! Y bueno, es mi ahijada. Siempre aclara que de Confirmación, porque soy muy joven, ja, ja, ja…

Con Sonia hemos pasado momentos muy complicados. También de los otros, nuestras charlas siempre han sido de índole familiar, de pareja, siempre hemos estado muy identificadas una con la otra. Me acuerdo cuando decía: “tengo cuatro hijos y no soy abuela aún, quiero ser abuela joven”, eso me lo repetía siempre. Un día le vinieron los siete nietos casi juntos, y bueno, era obvio, ahora tiene que darse tiempo para estar con ellos, pero es feliz con ese papel. Recuerdo la experiencia que muchos vivimos acá en IDAP, cuando uno de sus hijos se enfermó. Una noche rezaba toda la comunidad, estaba muy grave. Sonia estaba destruida pero con fe. Mientras rezábamos surge un llamado, era Sonia, diciendo que su hijo había mejorado. ¡Qué momento de fe fuerte para todos, entre lágrimas, abrazos y agradecimientos, todo junto. ¡Un milagro! Creo firmemente que su fe es muy grande y que ni ella misma lo sabe…

Y para terminar, este último tiempo me ha tocado vivir cosas muy difíciles. No andaba con mucho ánimo de ir a ningún lado. Un día, Sonia me insistió para vernos, y le dije que después del liceo me iba a su casa. ¡Pah!, tenía todo impecable para recibirme. Me había hecho comida, todo tan preparado para mí, y sentí que había puesto tanto amor en todo, en cada detalle. Divinos momentos. Por eso hoy digo que me saqué el 5 de Oro, y les aseguro que un número se llama Sonia.»

Adriana Rodríguez, también profesora de Bilogía, nos cuenta de su relación con ella y dice que cuando alguien le pide que hable de Sonia, se emociona. ¿Por qué? «Simplemente porque la quiero mucho. Hace muchísimos años que nos conocemos. Hemos compartido y seguimos compartiendo muchas vivencias, de las lindas y de las difíciles. En cada una de ellas agradezco a Dios y a la Auxiliadora su estar. Siempre aprendo con ella, con sus reflexiones sobre la vida y la educación. Sabe una enormidad, su compromiso y su vocación la han llevado a profundizar en su formación y con su enorme generosidad comparte con sus colegas y estudiantes. Muchos le decimos la Reina Madre, no por la edad ni por el atuendo, sino porque es referente de cosas muy importantes, desde las últimas novedades sobre el adn, hasta las últimas tendencias sobre didáctica. Desde cómo acompañar a siete nietos, hasta qué estrategias utilizar para personalizar en una clase. Y además, si necesitas fuerza, te regala un abrazo. Sonia, ¡mil gracias por honrar la vida y brindar de la forma más honesta que conozco tu corazón!».

Cecilia Mota
Lic. Ciencias de la Comunicación
Correctora de Estilo


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